Marinel Samook Ubaldo

Marinel Ubaldo is a climate activist from the Philippines, who is currently studying in the US. Her journey into climate activism began after experiencing first-hand the effects of Typhoon Haiyan in 2013. Marinel organized the first climate strike in her country. She advocates for a ban on single-use plastics, the reduction of carbon emissions and investments in renewable energy

Me niego a aceptar que la población de Filipinas muera a causa de un fenómeno –la crisis climática– que no hemos propiciado. Personalmente, mi motivación es construir un entorno en el que las generaciones futuras puedan prosperar y vivir, y no limitarse a sobrevivir a desastres como tifones. Lo he vivido, y no me gustaría que mis hijos e hijas tuvieran que hacerlo también.

La distribución de los recursos finitos del planeta es muy desigual, y el capitalismo está destruyendo comunidades en lugar de contribuir a su crecimiento. No me imagino mi hogar en Filipinas destruido, sabiendo que ha sido mi casa, el lugar al que quiero regresar. Por ello, exijo justicia: no solo para mí, sino para la siguiente generación y nuestras comunidades, para que puedan vivir de la misma forma que nosotras.

Como superviviente del tifón Haiyan, siento que tengo la responsabilidad moral de exigir cambios, para poder mirar a mis hijos e hijas a la cara sabiendo que hice algo al respecto. Aparte de ser una responsabilidad moral, ejercer incidencia también me sirve como proceso de sanación. No sé si he logrado recuperarme por completo, porque allá donde voy, siempre que oigo una gran tormenta con vientos, truenos y rayos, sigo sintiendo la necesidad de buscar refugio, incluso cuando me encuentro lejos de casa.

Antes no disponíamos de recursos para procesar los traumas de ese tifón, nos limitábamos a vivir al día, por lo que compartir mi experiencia ha formado parte de ese proceso de sanación, a pesar de hacerme sentir vulnerable. Siempre que hay tifones u otros desastres, siento impotencia. Es cierto que puedo dar fe de mi resiliencia y que conozco de cerca el tema porque he vivido muchos tifones, pero el trauma no ha sanado. Esas vivencias son lo que me ha traído hasta aquí.

Ya hemos conseguido que la justicia reaccione ante quienes más contaminan, por lo que hemos ganado esa batalla. En 2015, iniciamos una acción legal ante la Comisión para los Derechos Humanos en Filipinas para exigir que se investigaran las emisiones de carbono de los 47 mayores emisores del país. Tras una larga lucha, conseguimos que estas grandes empresas se responsabilizaran.

Muchas comunidades vulnerables de todo el mundo están utilizando ese documento legal como prueba en sus propios procesos jurídicos en materia de justicia climática. Se ha convertido en una petición histórica porque ninguna comisión, institución de derechos humanos, ni nadie había aceptado jamás un litigio con base en los derechos humanos. Filipinas tomó la valiente decisión de aceptarlo, lo cual ha supuesto un precedente para futuras medidas. Sin embargo, la resolución no tenía validez legal, y todavía no existen políticas que obliguen a quienes más contaminan a costear las reparaciones derivadas de los impactos que han causado en algunas comunidades.

Para mí es equivalente a justicia climática, una distribución equitativa de recursos, y empoderar a las comunidades y ofrecerles lo que merecen tener.

Personalmente, siempre que ocurre un desastre pienso en el sufrimiento de mi comunidad, porque la población no dispone de suficientes recursos para construir viviendas firmes capaces de resistir fenómenos meteorológicos extremos. Somos quien sufre en mayor medida los efectos de todos los desastres. Sufrimos los efectos de la crisis climática causada por quienes más contaminan, y ni siquiera nos ayudan a ser capaces de resistirlos. A ellos no les preocupa nuestra supervivencia.

La justicia climática busca garantizar que se compensa a estas comunidades por las pérdidas y daños que sufren, por lo que quienes más contaminan tienen la responsabilidad de garantizar que estas comunidades puedan recuperar sus vidas tras un desastre. La mayoría de comunidades afectadas viven al día, no son ricas, por lo que debemos garantizarles un hogar y medios de vida, para que puedan retomar sus vidas.

Además, es importante garantizar que existen centros de evacuación a prueba de tifones a los que pueden acudir en caso de desastres naturales, para poner a salvo a sus familias y mascotas, comunidades y medios de vida. Personalmente, creo que es importante no solo ayudar a las comunidades en términos de adaptación y mitigación, sino también compensarles por las pérdidas y daños que han causado los desastres; es lo mínimo que pueden hacer.

Eso es lo que significa para mí que quienes más contaminan paguen, es una cuestión de justicia climática; responsabilizar a quienes más contaminan para que rindan cuentas y asuman el coste de las reparaciones.

Gran parte de este tema lo he abordado en la pregunta anterior, pero me gustaría añadir que la niña que vive en mí solo quiere sentirse a salvo, poder soñar, vivir sin miedo, y poder ser mi mejor versión, alcanzar mi máximo potencial; y deseo lo mismo para mis hijos e hijas y la siguiente generación. Me cansa tener que ser tan resiliente; está bien tener la capacidad de serlo, pero no es algo que yo haya decidido, sino que lo he necesitado para sobrevivir.

Siento que se resta importancia a mucho de lo que vivimos por esa resiliencia, pero como niña no se me debería haber exigido esa capacidad. Me hubiera gustado que se protegiera mi infancia, poder jugar en la arena, o bajo la lluvia en mi pueblo, pero no pude vivir nada de eso porque siempre teníamos que huir y evacuar cuando había tormentas. Ningún niño o niña debería tener que contar cadáveres tras un desastre natural,

así que cuando digo que exigir incidencia política es una responsabilidad moral, es porque no quiero que la siguiente generación tenga que vivir lo mismo que yo. Soy fuerte y resiliente, pero solo porque me obligaron a serlo, y esta resiliencia entraña una gran responsabilidad: proteger a mi familia y mi comunidad, garantizando que sigamos teniendo un hogar al que regresar en 50 años, y que mi pequeño pueblo en una península a orillas del Pacífico siga en pie.